martes, 25 de abril de 2017

SINCRETISMO RELIGIOSO



Por: Geobanys Valle
Fecha: 25 de abril del 2017

 Para mantener sus tradiciones y costumbres, los negros esclavos africanos traídos a Cuba identificaron a sus orishas con santos propios a la Iglesia Católica, generando así el fenómeno conocido como sincretismo religioso. La relación establecida entre los orishas y los santos católicos dio origen a la nombrada Santería o Regla de Osha en Cuba.  A pesar de la riqueza cultural visible en este sincretismo religioso o transculturación, hay que dejar bien claro que Oshún siempre fue, es y será Oshún; y la Virgen de la Caridad fue, es y será la Virgen de la Caridad, dos entidades vinculadas por sus atributos y alguna que otra historia, como sucede en el resto de los casos, pero que jamás será suplantada la una por la otra; pues nosotros los santeros adoramos a nuestros oshas a través de las otá (piedras) que viven en soperas, tinajas, lebrillos o batea, según el orisha que sea; mientras que los católicos veneramos a nuestros santos mediante imágenes que los representa. Además, Oshún fue una mujer de la vida, que tuvo varios esposos e hijos, y Nuestra Señora de la Caridad es todo lo contrario: esta es, en primer lugar, virgen antes del parte, en el parto y después del parto, y tuvo un único esposo e hijo. O sea, son dos entidades semejantes en cuanto al color que las representa, el oro, el amor, la maternidad, la fecundidad, la dulzura pero muy diferentes en cuanto a la personalidad religiosa que las distingue.
Similar sucede con Changó. Equivocadamente se ha dicho que Changó, quien se representa como Santa Bárbara, es 6 meses del año hombre y 6 meses del año mujer. Reitero: eso es un gran error, pues el orisha que se identifica con esas características es Logún Ede, el hijo perdido de Oshún e Inle criado por Oshosi. Shangó es macho remacho, y Santa Bárbara fue una mujer e incluso virgen, y a estos solo los relaciona los colores blanco y rojo, el castillo, la nobleza, los rayos y truenos, la justicia, la copa, la espada pero no se vinculan por una cuestión genérica.
Sin embargo, con Obbatalá sucede algo muy particular, y es que como este orisha es andrógino, tiene caminos como hombre y como mujer, y en varios de esos caminos este orisha es representado con un santo o santa católicos. De hecho, así sucede también con otros caminos de orishas.
En definitiva, quisiera ahora entonces especificar con qué santos católicos se equiparan nuestros orishas, precisando también las fechas en las que se celebran sus respectivas fiestas:
ORISHA
SANTO CATÓLICO
FIESTA
Elegguá- Eshu
S. Antonio de Padua
Sto Niño de Atocha
Ánima Sola
13 de junio
6 de enero
16 de agosto
Eshu Ananaki
Ánima Sola
2 de noviembre
Elegua Manzaquillo
Santo Niño de la Resolución

Oggún
S. Pedro
S. Miguel Arcángel
San Pablo
San Jorge
Santiago Apóstol
San Antonio Abad
29 de junio
24 de junio

Oggún Chibiriki
S. Miguel Arcángel
29 de septiembre
Ochosi
S. Norberto
S. Humberto
6 de junio
3 de noviembre
Osun
San Juan Bautista
24 de junio
Obatalá
Virgen de las Mercedes
Santa Lucía
Santa Eduviges
Santísimo Sacramento
24 de septiembre
Obatalá Aguena
Santa Filomena

Obatalá Ochagriñan
San José
19 de marzo
Obbamoró
Jesús de Nazareno

Obatala Olufon
Jesús de Nazareno

Obatalá Yeku Yeku
La Santísima o el Divino Rostro

Obatala Elefuro
Virgen del Camino
15 de septiembre
Baba Fururú
San Joaquín
26 de julio
Obatala Oshanla
Virgen de las Mercedes
24 de septiembre
Obatala  Ayagguna
San Manuel
1 de enero
Shangó
Santa Bárbara
4 de diciembre
Yemayá
Virgen de Regla
7 de septiembre
Yemayá Ashabá

11 de febrero
Oshún
Virgen de la Caridad del Cobre
8 de septiembre
12 de septiembre
Oshun Ololodí
Virgen de Guadalupe
12 de diciembre
Oshun Ibu Yumú

22 de noviembre
Orula
San Francisco de Asís
4 de octubre 
Babalú Ayé
San Lázaro
17 de diciembre
Naná Burukú
Santa Ana
Virgen del Camino
26 de julio
Iroko
Inmaculada Concepción
8 de diciembre
Oyá
Sta Teresita del Niño Jesús
Virgen del Carmen
Virgen de la Candelaria
Sta Teresa de Ávila
2 de febrero
15 de octubre
Obba
Sta Rita de Casia
Sta Catalina de Siena
Sta Catalina de Alejandría
25 de noviembre,
22 de mayo

Yewá
Ntra Señora de los Desamparados
Ntra Señora de Monserrate
Sta Clara de Asís
Sta Rosa de Lima
Virgen de los Dolores
11 de agosto
30 de octubre
Orisha Oko
San Isidro Labrador
15 de mayo
Olokun
Nuestra Señora de la Regla
16 de julio
Inle
San Rafael
San Julián
San Roque
24 de octubre
Oduduwá

Santísimo Sacramento
 San Manuel
 Nombre de Jesús
1 de enero
Los Ibeyis o los Jimaguas
S. Cosme y S. Damián
S. Crispín y Sta. Crispina
Sta Justa y Sta Rufina
Sta Serpa y Sta Porfiria
26 de septiembre
28 de diciembre
Aggayú Solá
San Cristóbal
16 de noviembre
Osain
S. José
S. Benito
S. Antonio Abad
S. Silvestre
S. Ramón Nonato
17 de enero
31 de agosto
31 de diciembre
Oke
Santiago Apóstol
Santa Martha
San Roberto
25 de julio
Logun Ede
San Expedito
19 de abril
Obañeñe
San Ramón
Nuestra Señora del Rosario

Dadá
Santa Catalina de Siena
31 de agosto
13 de diciembre
Yemú o Yembó
Virgen María
13 de mayo
Oroiña
Virgen María Auxiliadora
24 de mayo
Oshumare
San Bartolomé
24 de agosto
Soyi Gajua
santo Tomás de Aquino
28 de enero
Oloyuekó
Divina Providencia

Elle Cosun
Santa Lucía  

Igui
San Lucas

Eledda
El Ángel de la Guarda

Olorun
Espíritu Santo

Olofin
Jesucristo

Olodumare  
Gran poder de Dios


miércoles, 12 de abril de 2017

Los amores de Oshún



 Por: Geobanys Valle
Fecha: 12 de abril del 2017

Compartió conmigo hace poco un buen amigo, que al igual que yo tiene hecho Oshún, sus impresiones de por qué los hijos de Oshún pasamos tanto trabajo en el amor. He crecido escuchando que las principales dificultades que pasan los hijos de Yalodde están vinculadas precisamente con el más sublime de los sentimientos: el citado Amor; e incluso, se dice que por lo general los hijos de Oshún terminan solos. Vista esta situación desde el prisma que identifica a Oshún como la magna diosa del amor, pues, parece entonces una real contradicción.
Oshún representa en el panteón yoruba la sensualidad, el erotismo, la belleza femenina, la coquetería, la gracia, la zalamería, el encanto y es mundialmente reconocida como la orisha dueña del amor, los ríos y riquezas. Se dice que los hijos de Oshún hemos nacido para ser reyes y reinas en la tierra a pesar de las vicisitudes que pasamos. Al adoptar esta idea y asumirla en la realidad de casi todos los hijos e hijas de Yalodde, podemos decir entonces que los Olo Oshún lo pueden tener prácticamente todo en la vida: dinero, sensualidad, belleza, encanto, coquetería, fascinación…. salvo una cosa: el amor.
Decía ese buen amigo santero, hijo también de la Oshún Ibu Kolé, que a su modo de ver a nosotros los hijos de los orishas nos corresponde o nos tocará asimilar y reproducir en nuestras vidas determinadas acciones o elementos que identifican a nuestros orishas tutelares respectivos, y, por supuesto, en eso coincido. Es así como podemos encontrar a hijos de Shangó tan similar en su conducta como lo fuese en vida el orisha: mujeriegos, prepotentes, enérgicos, fuertes, soberbios, fiesteros; los hijos de Yemayá son como Yenya: maternales, hospitalarios, sociables; y los hijos de Oggún representan en su actitud las características típicas de esta deidad: la rudeza, la fiereza, la laboriosidad, el aislamiento, o el poco interés o preocupación con lujos a la hora de vestir o vivir.
Con Oshún, como ya he dicho, sucede muy similar. Lo que me resulta muy difícil de comprender aún es la razón de por qué los hijos de Cachita tenemos casi todo en la vida, y pasamos aun así tantas dificultades en el amor. ¿Será como la canción de Descemer Bueno con Jorge Villamizar y El Chacal, que dice que “el problema es el amor, que parece tan difícil”? No lo creo.
Antes asumía que Oshún fue una mujer, bella entre las bellas, que a pesar de todas las vicisitudes que tuvo que afrontar en la vida, lo tuvo casi todo, pues fue y es Reina. Sin embargo, si algo no tuvo fue el gran amor de su vida: Shangó. Y justificaba en el hecho de que Oshún lo había tenido casi todo menos el amor la razón de por qué esta situación es tan similar en sus hijos e hijas.
De hecho, pudiera decir que si una orisha estuvo con muchos amantes dentro de la Regla de Osha fue Yalodde, quien llegó amar y fue amada sin tener ambas cosas a la vez, como marca un refrán de Iroso Oddí. Digamos que Oshún estuvo con Oggún, Babalú Ayé, Obatalá, Oduduwá, Oshosi, fue y es la apetebi (esposa favorita) de Orula, su esposo legítimo fue Aggayú Solá, el primer amor de su vida no correspondido fue Inle, y el gran amor de su vida, que tuvo compartido, fue Shangó. Y aunque hasta fue profundamente amada por su hermana mayor, Yemayá, al extremo de que archiconocidos fueron los sacrificios hechos por Yenya en su favor, quien le entregó el reino del río, las riquezas y el oro; como ya he dicho tantas veces Oshún no lo tuvo todo.
                                                             Oshun con Oshosi 
Empecemos por la historia de Inle. Hay un pataki que cuenta que desde que Oshún vio a Inle, el orisha que posee una belleza masculina tan perfecta como la suya, quedó perdidamente enamorada. Pero, Inle solo podía amar a las ninfas de la floresta, y como Oshún era del agua dulce, tuvo que disfrazarse de ninfa de la floresta para poder seducir al hermoso Inle. Cuando este descubrió su artimaña, no dudó en abandonarla embarazada del hijo perdido de Oshún, Logún Ede, al extremo de que fueron muchísimos los trabajos que pasó Oshún con Inle, pues este nunca se ocupó ni de su mujer ni de su hijo. Por lo que este sería el primer amor frustrado de la diosa.  
Oshosi, compadre de Inle, se compadeció de las desgracias que esta pasaba y se enamoró de ella, la hizo su mujer, crió a su hijo Logún Edé como si fuese suyo, pero Oshún no llegó a corresponderle realmente en el sentimiento. 
A su hermana Yemayá, que tanto amor le profesaba, traicionó en cierta ocasión, según cuenta otro patakí. Pues sucedió que la Ashabá estaba casada con Orula, pero este terminó perdidamente enamorado de Oshún Ololodí, a quien sedujo y logró conquistar llegando a realizar el acto sexual en un calabazar donde Yemayá los sorprendió, razón que hizo después que Oshún repudiara a la calabaza y explica el por qué los hijos e hijas de Yalodde no debemos ni comer, ni picar, ni comprar, ni regalar la calabaza. Después de esa mala acción, Oshún no tuvo más remedio que casarse con Orula, llegando a convertirse en su akpeteví o esposa preferida. 
A Azowano tuvo que aguantarle disímiles engaños con otras mujeres, lo que le costó la vida al orisha por una enfermedad venérea que contrajo. Y como Olofi no escuchó ninguno de los ruegos de otra mujer que no fuese Oshún para devolverle la vida, esta pidió que después de la resurrección de Babalú Ayé este fuese un hombre solamente para ella. 
 Pero el amor más sonado de Oshún fue, sin dudas, el idilio que mantuvo con Shangó. Ellos fueron y aún son los amantes más perfectos del mundo, quizás por lo similar que resultan entre sí. A Changó llegó a amar desmedidamente la diosa, sin tener un sentimiento recíproco a su favor, pues ella tuvo que conformarse en compartir al amor de su vida con otras dos mujeres bellas y fuertes, rivales invencibles: Oyá y Obba. Se dice que con Changó ella atravesó los más tristes vejámenes, y vivió una situación deprimente al este no amarla ni corresponderla como ella anhelaba, y aunque Oshún terminó convirtiéndose prácticamente en su esclava (razón que explica por qué las hijas de Oshún al final terminan dominadas por el marido o los hijos), hay que decir que fueron las desatenciones de Changó lo que condujo a Oshún para que se fijara en otro hombre y lo traicionara con Oduduwá Abeyi. 
Por amor perdió sus riquezas, pues se cuenta que la bella Oshún llegó a despertar el interés de tantos hombres a los que no correspondió que se vio amenazada de muerte, y por esta razón tuvo que abandonar su palacio y riquezas, pasando desde entonces tantas dificultades en la vida que la llevó a vender su cuerpo sin amor para poder mantenerse, tuvo que vender su ropa, manchó de amarillo su único vestido blanco de tanto lavarlo en las riberas del río, y perdió el gran orgullo que era su cabellera larga al cortársela para también comerciar con su pelo. Hasta que desde el mar Yemayá escuchó todos sus lamentos, decidió olvidar el disgusto que había tenido con su hermana menor, y como máxima expresión del perdón le entregó entonces el río, las riquezas, y la convirtió nuevamente en la Reina que hasta el día de hoy es. 
Por otra parte estuvieron los sacrificios que la diosa tuvo que afrontar por amor. Se dice que no hay Oshún sin Oyá, ni Oyá sin Oshún, y eso tiene su explicación. Oshún es la menor y más consentida de las orishas femeninas del panteón yoruba; pero en un patakí se cuenta que Yemayá, como hermana mayor, tenía que trabajar fuera de la casa largas horas al día para poder mantener a sus hermanas menores: Oshún y Oyá. Sucedió que en cierta ocasión Oyá se escapó y al alejarse del pueblo terminó siendo secuestrada por una banda de malhechores. Al saber Oshún de las proximidades por la región de los bandidos y como no encontraba a su hermana Oyá por ningún lado salió célere en su búsqueda, hasta que terminó encontrándola aprisionada por los bárbaros que le propusieron a Oshún un tributo elevado a pagar cambio de la libertad de Oyá. Como Oshún no contaba con esa fortuna demandada para salvar a su hermana, acordó con el jefe de los malhechores pagarle con lo más preciado que ella tenía en ese momento: su cuerpo, y fue así, de esa manera, que Oshún perdió su virginidad para salvar a su hermana Oyá, con un hombre que no conocía ni para nada era de su agrado. Esa fue después la razón que hizo que a Oshún se le sacrifiquen chivos capones. 
 Otro patakí cuenta que cuando Oggún se internó en el monte, ningún orisha podía sacarlo, hasta que Oshún decidió ayudar para sacar a Arere de la manigua. Con su gracia y zalamería, untó su cuerpo en miel y valiéndose de sus encantos logró sacar a Oggún del monte, algo que no hizo específicamente por amor sino para ayudar a los orishas que querían salvar a Oggún e integrarlo en cierto sentido a la sociedad, por decirlo de alguna manera; aunque después Oggún quedó verdaderamente prendado de ella, a tal extremo que las dos causas fundamentales que convirtieron a Oggún y a Changó en enemigos acérrimos fue el amor de Oyá y el amor de Oshún, mujeres que ambos habían compartido indistintamente.
A la humanidad la salvó del diluvio convertida en un aura tiñosa, en su camino de Oshún Ibu Kolé, cuando nadie podía hacer nada por los hombres y mujeres y por la vida en la tierra. Ella llegó ante Olofi como Kolé, y desde entonces en esta religión el aura tiñosa se considera sagrada. Esta acción la hizo por amor a la humanidad, sin embargo, aún la ikolé es un ave que en muchas ocasiones se desprecia por su aspecto.
O sea, indiscutiblemente el amor ha sido algo que siempre estuvo presente en la vida de Oshún, solo que no de la mejor manera. Por amor sufrió, sin amor vivió, y eso es algo que parece condenar a sus hijos e hijas en esta tierra, aunque no sea en todos los casos.  
Lo importante es amar sin esperar nada a cambio. Y no perder la fe, de que quizás todo sea una suposición y que en cualquier momento de nuestras vidas nuestra madre tocará nuestra puerta con ese genial y grandísimo sentimiento que mueve al mundo: el amor, que nos llegara en la pareja, en los hijos, en nuestros padres, en la familia, en nuestros amigos, en nuestros vecinos… en nuestros santos y en nuestros espíritus protectores.

Oshún Oñí Funké
Olo Oshún Ibu Kolé